martes, 10 de junio de 2014

Tocino de cielo

 

Dicen que el origen de este postre se sitúa en Jerez de la Frontera, hace más de 500 años. Las primeras noticias que nos llegan del tocino de cielo se remontan al año 1324. Fue creado por las monjas de un convento de los alrededores de Jerez de la Frontera y su origen está ligado a la elaboración del vino y a la cantidad ingente de claras de huevo usadas para la clarificación del vino. Las yemas de huevo, que de nada servían en el proceso de elaboración de esta bebida, eran llevadas al convento de monjas que, con el fin de reutilizarlas, crearon este postre, que es uno de los postres más representativos de la repostería española. El nombre de tocino de cielo se debe a su aspecto y textura y a su origen "religioso".

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Os decía en el post anterior que para la elaboración de este postre solo necesitaríamos tres ingredientes, de los cuales uno de ellos es agua. Y es que en la elaboración del tocino de cielo es necesario un buen almíbar en su punto justo. Esto es clave, y lo digo por experiencia: los primeros tocinos de cielo que hice se asemejaban más a un flan de huevo que a lo que pretendían ser. Hasta que leyendo en internet me enteré de que la clave es el almíbar, que tiene que llegar al punto de hebra. Para alcanzar este punto hay que dejar hervir el agua con el azúcar durante aproximadamente 15 minutos a fuego suave, hasta que se vuelva espeso y al coger un poco entre los dedos (con cuidado de no quemarse) se forma un hilito cuando los separamos.
 
Tras las aclaraciones pertinentes vamos con la receta.
 
 
INGREDIENTES
 
11 yemas de huevo + 1 huevo entero
500 g de azúcar común
250 ml de agua
 
 

PARA CARAMELIZAR EL MOLDE

50 g de azúcar
Un chorrito de limón

Preparación

Precalienta el horno a unos 170º.

Pon el azúcar con el agua al fuego hasta conseguir el punto de cocción que te indicaba arriba y deja enfriar un poco, necesitamos que esté tibio. Mientras tanto, bate las yemas y el huevo entero, ligeramente sin formar espuma, sólo necesitamos romper las yemas y conseguir mezclar bien la clara. Mejor si es con una cuchara de madera.

Ahora, ve añadiendo el almíbar tibio en forma de hilo sobre las yemas batidas, sin dejar de remover. Carameliza un molde de unos 12x12 cms; para ello, sólo tienes que poner en un cazo el azúcar con el chorrito de limón a fuego suave hasta que se vaya derritiendo y tostando el azúcar. No dejes que se oscurezca demasiado, ya que podría amargar un poco. Extiéndelo por todo el molde.

Traslada las yemas con el almíbar al molde previamente caramelizado. Para ello hay que colar la mezcla para deshacernos de posibles burbujas de aire. Ayúdate de un colador chino.

Cuando lo tengas, introduce el molde al baño maría durante unos 30 minutos, y posteriormente hornéalo durante unos 35-45 minutos más. Introduce un palillo para comprobar la cocción. ¡Ya está! ¿A que ha sido fácil?


Ahora sólo tienes que reprimir las ganas de comértelo a cucharadas y dejar que se enfríe bien antes de desmoldarlo. Puedes cortarlo en cuadraditos y colocarlo sobre cápsulas de bombones o como prefieras. Yo lo hago de esta manera.

Como puedes ver, el resultado es increíble, con una textura parecida a la gelatina, pero sólo visualmente; en realidad es muy cremoso. Y el sabor inmejorable, muy muy suave, nada que ver con los tocinos de cielo envasados que se venden en el súper.

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Y esto ha sido todo. No puede ser más fácil, ¿a que no?. Espero que os haya gustado y que os haya sido de utilidad.

Un beso enorme y gracias por leerme :)

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